Subo esta muy buena columna publicada en La Diaria (www.ladiaria.com) el 17 de Junio, escrita por el periodista de "13 a 0" Gonzalo Delgado, luego de que Uruguay le ganara al locatario Sudáfrica por 3 a 0 en su segundo partido del Mundial.
Leyéndola hoy, entendemos mejor las razones por las cuales Uruguay llegó tan lejos en el Mundial (Semifinales), más allá de nuestas características naturales de pasión por la celeste, del amor a la camiseta, de la viveza criolla y de la garra charrúa, que quedaron ampliamente demostradas en cada partido.
Éste éxito tiene que ver más bien con un largo proceso de trabajo, serio y razonable, enseñanza que va más allá del fútbol y que se aplica a todos los órdenes de la vida.
Ojalá que nos sirva de ejemplo para el futuro...

De razón y vísceras
Por: Gonzalo Delgado
Dice Martina que nunca había visto un gol de Uruguay en la escuela. Yo me emociono, pero enseguida trato de explicarle. Trato de que dimensione, pero no lo logro. Ella dice que algunos compañeritos lloraron con los goles. Trato de explicarle, pero no le importa. Trato de racionalizar mi mensaje para que ella lo vuelva visceral y lo disfrute. Martina tiene ocho años y la madre me dice que deje de “pensar como periodista”, de explicarle racionalmente lo que ella y sus compañeros “sintieron”. Pensar, sentir, explicar, gozar o sufrir. Razón y vísceras.
¿Por qué ir por el lado de la razón en medio del jolgorio? Porque ahí está la razón de esta alegría.
Hace cuatro años, con Uruguay masticando la bronca de estar afuera de Alemania 2006, Tabárez inició su segunda etapa en la selección rodeado de suspicacias y dudas del ambiente del fútbol. Cargando con el estigma de Italia 90 y con los referentes mediáticos (por lo menos en masividad) abiertamente en contra. Y con las carencias económicas y mentales de la AUF. Pero supo construir un proceso y un grupo de jugadores que creyera en él. En el camino, tras la primera derrota ante Perú en la Copa América de 2007, primera prueba oficial de Tabárez, el entonces presidente de la AUF, José Luis Corbo, aseguró que si no se ganaba el partido siguiente habría que realizar cambios profundos, Uruguay terminó en semifinales y el proceso sobrevivió. Se dijo que los jugadores no “tragaban” a Tabárez, que había mala onda antes de viajar a Perú, que tras la de Regueiro se venía una ola de renuncias a la selección. Se llegó a decir que Tabárez era “muy europeo” y que no les llegaba a los jugadores, que le faltaba pasión, que no ganaba porque le faltaban jugadores negros…
Pero Tabárez siguió apostando a cosas difíciles de sostener en Uruguay: un proceso a largo plazo, recambio generacional incluido, un plan integral y colectivo que incluía todas las categorías de la selección (mayores y juveniles).
Siguió laburando y creyendo, y los jugadores también. Y le siguieron pegando. Después de perder en Buenos Aires, de empatar con Chile en Montevideo, de no ganar en Venezuela, de perder en Lima con un Perú eliminado. Es cierto que de aquel penal en Ecuador puede haber dependido ir al Mundial y, en última instancia, que existiera el triunfo de ayer. Pero como creí y dije esto mismo antes y después de aquellas instancias, y lo discutí con otros periodistas en distintas ciudades, mientras se relamían esperando esa derrota que prometía el pie para achurar al entrenador, lo puedo repetir ahora. Un trabajo serio y a largo plazo no asegura los resultados deportivos, pero un proceso a largo plazo, con un equipo serio de trabajo (incluido, por ejemplo, Diego Aguirre en la sub 20, elegido por Tabárez), ganándose el respeto de los jugadores en el trabajo y el vínculo, y no gritando desde el banco de suplentes durante el partido para las cámaras, tenés más chance de conseguirlo.
Apostando a la razón y a largo plazo. Dejando la pasión para los hinchas, la razón y el trabajo para los técnicos y dirigentes. Y para los periodistas que deberán entender algún día que son más que hinchas. Y no incluyo a los malabaristas, que tendrán que esperar por lo menos hasta el próximo fracaso. Esos que en más de un hall de hotel les escuché decir tras una derrota: “Ah, a Tabárez mañana lo mato”.
No sé hasta dónde llegará la selección, ni si esto que hoy me alcanza mañana me parecerá poco. Pero, aunque no lo aseguraba, sin todo lo anterior no habría un 3 a 0 a Sudáfrica. Ni Martina habría visto los goles de Forlán, ni la madre me pediría que no se lo racionalizara…, ni alguno de mis colegas más connotados estaría tomando mientras esto escribo una cerveza Castel festejando lo que boicoteó. A su salud, también, y a la de los que miran más allá y le aportan razón a este juego hermosamente pasional.
Leyéndola hoy, entendemos mejor las razones por las cuales Uruguay llegó tan lejos en el Mundial (Semifinales), más allá de nuestas características naturales de pasión por la celeste, del amor a la camiseta, de la viveza criolla y de la garra charrúa, que quedaron ampliamente demostradas en cada partido.
Éste éxito tiene que ver más bien con un largo proceso de trabajo, serio y razonable, enseñanza que va más allá del fútbol y que se aplica a todos los órdenes de la vida.
Ojalá que nos sirva de ejemplo para el futuro...

De razón y vísceras
Por: Gonzalo Delgado
Dice Martina que nunca había visto un gol de Uruguay en la escuela. Yo me emociono, pero enseguida trato de explicarle. Trato de que dimensione, pero no lo logro. Ella dice que algunos compañeritos lloraron con los goles. Trato de explicarle, pero no le importa. Trato de racionalizar mi mensaje para que ella lo vuelva visceral y lo disfrute. Martina tiene ocho años y la madre me dice que deje de “pensar como periodista”, de explicarle racionalmente lo que ella y sus compañeros “sintieron”. Pensar, sentir, explicar, gozar o sufrir. Razón y vísceras.
¿Por qué ir por el lado de la razón en medio del jolgorio? Porque ahí está la razón de esta alegría.
Hace cuatro años, con Uruguay masticando la bronca de estar afuera de Alemania 2006, Tabárez inició su segunda etapa en la selección rodeado de suspicacias y dudas del ambiente del fútbol. Cargando con el estigma de Italia 90 y con los referentes mediáticos (por lo menos en masividad) abiertamente en contra. Y con las carencias económicas y mentales de la AUF. Pero supo construir un proceso y un grupo de jugadores que creyera en él. En el camino, tras la primera derrota ante Perú en la Copa América de 2007, primera prueba oficial de Tabárez, el entonces presidente de la AUF, José Luis Corbo, aseguró que si no se ganaba el partido siguiente habría que realizar cambios profundos, Uruguay terminó en semifinales y el proceso sobrevivió. Se dijo que los jugadores no “tragaban” a Tabárez, que había mala onda antes de viajar a Perú, que tras la de Regueiro se venía una ola de renuncias a la selección. Se llegó a decir que Tabárez era “muy europeo” y que no les llegaba a los jugadores, que le faltaba pasión, que no ganaba porque le faltaban jugadores negros…
Pero Tabárez siguió apostando a cosas difíciles de sostener en Uruguay: un proceso a largo plazo, recambio generacional incluido, un plan integral y colectivo que incluía todas las categorías de la selección (mayores y juveniles).
Siguió laburando y creyendo, y los jugadores también. Y le siguieron pegando. Después de perder en Buenos Aires, de empatar con Chile en Montevideo, de no ganar en Venezuela, de perder en Lima con un Perú eliminado. Es cierto que de aquel penal en Ecuador puede haber dependido ir al Mundial y, en última instancia, que existiera el triunfo de ayer. Pero como creí y dije esto mismo antes y después de aquellas instancias, y lo discutí con otros periodistas en distintas ciudades, mientras se relamían esperando esa derrota que prometía el pie para achurar al entrenador, lo puedo repetir ahora. Un trabajo serio y a largo plazo no asegura los resultados deportivos, pero un proceso a largo plazo, con un equipo serio de trabajo (incluido, por ejemplo, Diego Aguirre en la sub 20, elegido por Tabárez), ganándose el respeto de los jugadores en el trabajo y el vínculo, y no gritando desde el banco de suplentes durante el partido para las cámaras, tenés más chance de conseguirlo.
Apostando a la razón y a largo plazo. Dejando la pasión para los hinchas, la razón y el trabajo para los técnicos y dirigentes. Y para los periodistas que deberán entender algún día que son más que hinchas. Y no incluyo a los malabaristas, que tendrán que esperar por lo menos hasta el próximo fracaso. Esos que en más de un hall de hotel les escuché decir tras una derrota: “Ah, a Tabárez mañana lo mato”.
No sé hasta dónde llegará la selección, ni si esto que hoy me alcanza mañana me parecerá poco. Pero, aunque no lo aseguraba, sin todo lo anterior no habría un 3 a 0 a Sudáfrica. Ni Martina habría visto los goles de Forlán, ni la madre me pediría que no se lo racionalizara…, ni alguno de mis colegas más connotados estaría tomando mientras esto escribo una cerveza Castel festejando lo que boicoteó. A su salud, también, y a la de los que miran más allá y le aportan razón a este juego hermosamente pasional.
Más que interesante. Como siempre Delgado, es un placer leerlo y/o escucharlo.
ResponderSuprimirAna