jueves 31 de marzo de 2011

Universo

Luego de un gran lapsus de falta de inspiración, vuelvo a subir algo a mi blog.

En el curso de teoría de la comunicación de la Liccom, el Profesor Alex de Alava preguntó a sus alumnos que entendían por: Universo.

Como mí capacidad para describir lo que significa esa palabra es limitada, se me ocurrió la idea de buscar "universo" en algunos libros que he leído.

Es una palabra que según desde el punto de vista donde se parta, puede ser entendida de muchas maneras distintas. A mí me interesó más que nada la visión poético-literaria, más que científica.

Así que busqué esta palabra en algunos libros que tuve el agrado de leer anteriormente, y encontré algunos pasajes de texto a mi gusto muy interesantes que comparto a continuación.

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“Sería una exageración decir que abandoné mis sospechas inmediatamente, pero no hay duda de que mi actitud empezó a cambiar. Había aprendido que escapar era inútil, y puesto que estaba atrapado allí tanto si me gustaba como si no, decidí aprovechar al máximo lo que me habían dado. Quizá mi roce con la muerte tuvo algo que ver en ello, no lo sé, pero una vez que dejé mi cama de enfermo y volví a ponerme de pie, el rencor que había llenado mi corazón desapareció. Estaba tan contento de estar bien nuevamente, que ya no me importaba vivir con los parias del universo. Eran un curioso y desagradable grupo, pero a pesar de mis constantes gruñidos y mal comportamiento, cada uno de ellos había llegado a cogerme cierto afecto, y yo habría sido un patán si no lo hubiera valorado. Quizá todo se reducía al hecho de que finalmente me estaba acostumbrando a ellos. Si miras la cara de alguien durante el tiempo suficiente, acabarás por sentir que te estás mirando a ti mismo.”

Pag. 20

Paul Auster, Mr Vértigo

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“Una vez terminada la época de la siembra y cuando nuestros alimentos ya estaban en la tierra, empezó el verdadero trabajo. Fue justo después de mi décimo cumpleaños, una bonita mañana de finales de mayo. El maestro me llevó aparte después del desayuno, y me murmuró al oído:

–Prepárate, muchacho. La diversión está a punto de empezar.

–¿Quiere decir que no hemos estado divirtiéndonos? –dije–. Corríjame si me equivoco, pero pensaba que esos trabajos agrícolas eran lo más divertido que había hecho desde la última vez que jugué a las damas chinas.

–Trabajar la tierra es una cosa, una tarea aburrida pero necesaria. Pero ahora vamos a dirigir nuestros pensamientos al cielo.

–¿Quiere decir como los pájaros de los que me habló?

–Eso es, Walt, igual que los pájaros.

–¿Me está usted diciendo que sigue pensando en serio en ese plan suyo?

–Completamente en serio. Estamos a punto de pasar a la decimotercera etapa. Si haces lo que te digo, te mantendrás en el aire en las navidades del año próximo.

–¿Decimotercera etapa? ¿Quiere usted decir que ya he pasado doce etapas?

–Eso es. Doce. Y las has pasado con completo éxito.

–¡Vaya, que me aspen! ¡Y yo sin tener ni idea! ¡Qué callado se lo tenía, jefe!

–Sólo te digo lo que necesitas saber. Yo soy quien tiene que preocuparse del resto.

–Doce etapas, ¿eh? Y ¿cuántas faltan?

–Hay treinta y tres en total.

–Si paso las próximas doce tan deprisa como las primeras, estaré ya en la recta final.

–No será así, te lo aseguro. Por mucho que creas haber sufrido hasta ahora, no es nada comparado con lo que te espera.

–Los pájaros no sufren. Simplemente, extienden las alas y levantan el vuelo. Si yo tengo el don, como usted dice, no veo por qué no va a ser fácil.

–Porque, mi pequeño zoquete, tú no eres un pájaro. Tú eres un hombre. Para que te levantes del suelo, tenemos que partir el cielo en dos. Tenemos que volver del revés todo el maldito universo.”

Pag. 21

Paul Auster, Mr Vértigo

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“Luego, en el medio del puente, por ejemplo, en medio de un paseo, en el medio siempre, ya fuera de un libro, una conversación, o del acto de amor, volvía a tomar conciencia de que nunca había hecho lo que quería y por no haber hecho lo que quería se desarrolló dentro de mí esa creación que no era sino una planta obsesiva, una especie de vegetación coralina, que estaba expropiando todo, incluida la propia vida, hasta que la propia vida se convirtió en lo que se negaba, pero que se imponía, creando vida y matándola al mismo tiempo. La veía persistir después de la muerte, como el cabello que crece en un cadáver, y, aunque la gente hable de «muerte», el cabello sigue dando testimonio de la vida, y, al final, no hay muerte, sino esa vida del cabello y las uñas, y, aunque haya desaparecido el cuerpo y el espíritu se haya extinguido, en la muerte sigue algo vivo, expropiando el espacio, causando el tiempo, creando un movimiento infinito. Podía suceder gracias al amor, o a la pena, o al hecho de nacer con un pie deforme; la causa no era nada, el acontecimiento lo era todo. En el principio era el Verbo... Fuera lo que fuese, el Verbo, enfermedad o creación, seguía su curso desenfrenado; seguiría infinitamente, sobrepasaría el tiempo y el espacio, duraría más que los ángeles, destronaría a Dios, desengancharía el Universo. Cualquier palabra contenía todas las palabras... para quien hubiera llegado al desprendimiento gracias al amor o a la pena o a la causa que fuese. En cada palabra la corriente regresaba hasta el principio perdido y que nunca volvería a encontrar, ya que no había ni principio ni fin, sino sólo lo que se expresaba en el principio y en el fin.“

Pág 29

Henry Miller, Trópico de Capricornio

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“Me quedo sentado en el porche una hora más o menos, soñando despierto. Llego a las mismas conclusiones a que llego siempre, cuando dispongo de un minuto para pensar. O bien debo ir a casa inmediatamente para empezar a escribir o debo huir y empezar una nueva vida. La idea de empezar un libro me aterroriza: hay tanto que decir, que no sé dónde o cómo empezar. La idea de huir y empezar de nuevo es igualmente aterradora; significa trabajar como un negro para subsistir. Para un hombre de mi temperamento, siendo el mundo como es, no hay la más mínima esperanza ni solución. Aun cuando pudiera escribir el libro que quiero escribir, nadie lo aceptaría: conozco a mis compatriotas demasiado bien. Aun cuando pudiese empezar de nuevo, sería inútil, fundamentalmente porque no deseo trabajar ni llegar a ser un miembro útil de la sociedad. Me quedo ahí sentado mirando la casa de enfrente. No sólo tiene un aspecto feo y carente de sentido, como todas las demás casas de la calle, sino que, además, de mirarla tan intensamente, se ha vuelto absurda de repente. La idea de construir un lugar para refugiarse de esa forma particular me parece absolutamente demencial. La propia ciudad me parece un ejemplo de la mayor demencia; demencia, todo lo que hay en ella, alcantarillas, metro elevado, maquinas tragaperras, periódicos, teléfonos, polis, pomos de puerta, hostales de mala muerte, rejas, papel higiénico, todo. Todo podría perfectamente no existir y no sólo no se habría perdido nada, sino que se habría ganado todo un universo. Miro a la gente que pasa presurosa a mi lado para ver si por casualidad uno de ellos pudiera coincidir conmigo. Supongamos que detuviese a uno de ellos y le hiciera una simple pregunta. Supongamos que me limitase a decirle de sopetón: «¿Por qué sigue usted llevando la vida que lleva?» Probablemente llamaría a un poli. Me pregunto: «¿Se habla alguien a sí mismo como lo hago yo?» Me pregunto si me pasará algo raro. La única conclusión que puedo sacar es la de que soy diferente. Y ésa es una cuestión muy grave, lo mires como lo mires. Henry, me digo, alzándome despacio del porche, estirándome, sacudiéndome el polvo y escupiendo la goma de mascar, todavía eres joven, eres un chaval, y si les dejas que te tengan atrapado, eres un idiota, porque vales más que cualquiera de ellos, sólo que necesitas liberarte de tus ideas falsas sobre la humanidad. Tienes que comprender, Henry, hijo, que tienes que habértelas con asesinos, con caníbales, sólo que van bien vestidos, afeitados, perfumados, pero eso es lo que son: asesinos, caníbales. “

Pág 54

Henry Miller, Trópico de Capricornio

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“Eran momentos felices para mí y me ayudaban a soportar las horas más sombrías, cuando parecía que mi suerte se había agotado. Puede que fuera eso lo único que me había propuesto demostrar desde el principio: que una vez que echas tu vida por los aires, descubres cosas que nunca habías sabido, cosas que no puedes aprender en ninguna otra circunstancia. Estaba medio sordo a causa del hambre, pero cuando me ocurría algo bueno, no se lo atribuía tanto a la casualidad como a un especial estado anímico. Si lograba mantener el adecuado equilibrio entre deseo e indiferencia, me parecía que de alguna manera podía conseguir por medio de la voluntad que el universo me respondiera. ¿De qué otro modo podía explicar los extraordinarios actos de generosidad de que fui objeto en Central Park? Nunca le pedí nada a nadie, nunca me moví de mi sitio y, sin embargo, continuamente se acercaban a mí desconocidos y me prestaban ayuda. Debía de existir una fuerza que emanaba de mí hacia el mundo, pensaba, algo indefinible que hacía que la gente quisiera ayudarme. A medida que pasaba el tiempo, empecé a notar que las cosas buenas me sucedían sólo cuando dejaba de desearlas. Si eso era cierto, entonces también lo era lo contrario: desear demasiado las cosas impedía que sucedieran. Esa era la consecuencia lógica de mi teoría, porque si me había demostrado que podía atraer al mundo, de ello se deducía que también podía repelerlo. En otras palabras, conseguía lo que quería sólo si no lo quería. No tenía sentido, pero lo incomprensible del argumento era lo que me atraía. Si mis deseos únicamente podían ser satisfechos no pensando en ellos, entonces todo pensamiento acerca de mi situación era necesariamente contraproducente. En el momento en que empecé a abrazar esta idea, me encontré haciendo equilibrios en una imposible cuerda floja de consciencia. Porque ¿cómo se puede no pensar en el hambre cuando estás siempre hambriento? ¿Cómo hacer callar a tu estómago cuando está llamándote constantemente, rogando que lo llenes? Es casi imposible no hacer caso de estas súplicas. Una y otra vez sucumbía a ellas, y no bien lo hacía, sabía automáticamente que había destruido mis posibilidades de recibir ayuda. El resultado era ineludible, tan rígido y preciso como una fórmula matemática. Mientras me preocupara por mis problemas, el mundo me volvería la espalda. Eso no me dejaba otra alternativa que la de apañármelas por mi cuenta, agenciarme lo que pudiera. Pasaba el tiempo. Un día, dos días, tal vez tres o cuatro, y poco a poco borraba de mi mente todo pensamiento de salvación, me daba por perdido. Sólo entonces se producía alguno de los sucesos milagrosos. Siempre me cogían totalmente por sorpresa. No podía predecirlos y, una vez que sucedían, no podía contar con que hubiera otro. Cada milagro era siempre, por lo tanto, el último milagro. Y porque era el último, continuamente me veía arrojado al principio, continuamente tenía que comenzar de nuevo la batalla.”

Pág 34

Paul Auster, El palacio de la luna

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“Bastaba con que me metiera entre las sábanas por la noche para que ellas insistieran en volar a su lugar favorito, un reino de bosques justo al sur del ecuador. Allí visitaban a su amigo, el gran dedo entre los dedos, el todopoderoso que gobernaba el universo por telepatía mental. Cuando él llamaba, ningún súbdito podía resistirse. Mis manos eran sus siervas, y de no volver a amarrarlas con cuerdas, yo no tenía más remedio que concederles su libertad. Así fue como la locura de Aesop se convirtió en mi locura y así fue como mi pájaro se levantó para controlar mi vida. “

Pag. 85

Paul Auster, Mr Vértigo

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“ya que, como ocurre en todo amorío, la primera semana es tan intensa que uno podría tranquilamente tirar por la ventana todos sus universos previos, pero cuando la energía (del misterio, del orgullo) empieza a disiparse, regresan los mundos antiguos de la cordura, del bienestar, del sentido común, etcétera, de modo que en secreto yo me había dicho: «Mi labor literaria es más importante que Mardou.”

Pag 50

Jack Kerouac, Los Subterraneos

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“Y mientras espero que salga, me siento al lado del agua, sobre la grava casi mexicana, la hierba y las casas de apartamentos de hormi­gón armado; saco mi cuaderno de apuntes y describo con palabras difíciles la silueta del horizonte y la bahía, incluyendo una breve mención del hecho grandioso del inmenso universo total con sus infinitos planos, desde la Standard Oil arriba hasta el muelle abajo con las chabolas donde los viejos marineros sueñan la diferencia que hay entre hombre y hombre, la diferencia tan enorme entre las preocupaciones de los presidentes de compañía en sus rascacielos y los lobos de mar en el puerto y los psicoana­listas en sus salitas sofocantes dentro de inmensos edificios hoscos, llenos de cadáveres en la morgue del sótano y de locas en las ventanas; con la esperanza de inducir de este modo a Mardou a reconocer el hecho de que el mundo es inmenso y que el psicoanálisis no es más que un medio muy limitado de explicarlo, ya que solamente rasca la superficie, o sea análisis, causa y efecto, por qué en vez de qué; y cuando sale se lo leo, no le causa mucha impresión pero me ama, me da la mano mientras volvemos por el Embarcadero a casa, y cuando la dejo en la esquina de la Tercera y Townsend en medio de la tarde clara y cálida me dice: «¡Oh, qué rabia me da separarme de ti, realmente te extraño, ahora, cuando no estoy contigo!» «Pero tengo que volver a casa, para preparar la cena antes de que llegue mi madre, y escribir, pero querida vuelvo mañana, recuérdalo, a las diez en punto.» Y al día siguiente, en cambio, llego a medianoche.”

Pag 53

Jack Kerouac, Los Subterraneos

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El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia.

Uno no está en casi ninguna parte.

Sin embargo, en medio de las infinitas desolaciones hay una buena noticia: el amor.

Alejandro Dolina, Crónicas del Angel Gris

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"El arte y el amor son las pocas posibilidades de encuentro que el universo presenta."
Alejandro Dolina

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"Todo lo que hacemos puede ser una obra de arte; nuestra propia vida es la obra de arte que el universo espera de nosotros."

Fernando Mirza

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Enrique Symns

"El 70% de la humanidad vive en la Edad Media porque aún cree en cosas que la ciencia ha derrotado, como la idea de dios, y sin embargo la gente sigue creyendo que va a resucitar, y son capaces de bombardear... de convertirse en suicidas con tal de aparecer después cojiendo con sus huris... es una creencia tan infame, tan tarada... o sea: vos podés confiar en que el universo tiene un misterio (tiene varios misterios)... pero no en esa invención sacerdotal."

"En su libro "El Origen del Universo" (tiene otro nombre más complicado) Kant, en el prólogo, sostiene esto: "Hay que recordar" -dice- "que el tiempo y el espacio no existen, son invenciones de la mente para poder comprender lo inaudito" [...] Y la frase más misteriosa es: "El cielo es azul, y el piso es duro, porque alguien lo dijo." Y todas las biblias comienzan con lo mismo: "Primero fué el verbo". Lo que diga un hombre sobre el mundo, en eso se va a constituír. Y si hay una guerra en el mundo, es la guerra del discurso..."

-El universo cabe en la palma de un bebé. Es así de misterioso.

-El hombre es un ser alienígena. No es de este mundo. Es como si yo te dijera, que agarramos todo lo que el hombre hizo, lo metemos en la cabeza de una aguja, lo disparamos al espacio, cae en un planeta y se desarrolla toda la película que hay acá, y va a surgir el hombre. Algo así pasó acá. No sé quien tiró esa maldita aguja. Pero eso es el universo.

-“Intentamos convencernos de que somos tripulantes de una nave viajera y conocemos la dirección del viaje. En realidad somos náufragos perdidos en un misterioso océano al que llamamos universo. No queremos enterarnos de que estamos perdidos y dedicamos nuestras vidas a señalizar caminos que no sabemos de dónde vienen y a dónde van. Somos locos fanáticos queriendo convencer al vecino de que el cielo es azul para que, a su vez, el nos convenza de que el piso es duro”.

“La locura consiste en querer descubrir el misterio del universo”.

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“Vamos a hacer el pogo más grande del Universo

Indio Solari antes de cantar Ji Ji Ji.

1 comentarios:

  1. Los Insistentes: Comida y misterio
    losinsistentes.blogspot.com

    Y por hablar de misterio, que tal conocer este misterio?

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